Estado, Sociedad y Empresa: I. Conciliación.

Es un hecho que en un sistema capitalista de libre mercado confluyen fuerzas provenientes de los diferentes estratos sociales que van a actuar en sentidos diversos o contrarios. Esto es, por ejemplo, empleadores y empleados con objetivos diferentes y medios para lograrlos, que en ocasiones se oponen entre ellos.
Para lograr el equilibrio (según los modelos socialdemócratas, basados en la teoría keynesiana) en la estructura interviene un agente externo que en principio no debe tener otro objetivo que el equilibrio mismo: ese agente es el Estado y el equilibrio es el ideal del Estado de Bienestar.

Históricamente en el sistema económico neoliberal hemos presenciado cómo la balanza de la que el Estado se ocupaba, está más inclinada del lado de los empleadores (dueños de las grandes empresas), creando entre otras cosas fisuras que se traducen en menos calidad de vida para los empleados y una clima de enfrentamiento y competición dentro de la institución contratante.

Como las sociedades no son estáticas, los colectivos que se han visto desfavorecidos con las condiciones laborales, derivadas de las leyes creadas por el sistema, han ido reclamando derechos y concesiones con el objetivo casi siempre de alcanzar la justicia social en forma de ese equilibrio del que hablamos antes. En general los trabajadores han reclamado horarios de trabajo normales, un precio justo por su tiempo y una cantidad aceptable de días libres y vacaciones; más adelante han concretado las exigencias sobre el buen trato en la empresa, la consecución real del tiempo libre (sin contacto con la empresa ni el equipo aunque siga parcialmente activo durante ese tiempo) y las condiciones laborales.
Más específicamente las mujeres, han solicitado aquellos derechos que tenían que ver con la conciliación laboral; la división entre espacios públicos y privados y el reparto de estos espacios entre hombres y mujeres respectivamente han hecho que así sea. Algunas de las fisuras del sistema de trabajo que el estado del bienestar se encarga de esquivar son aquellas acciones sociales que recaen en la fuerza productiva de las mujeres de manera gratuita, ejemplo de esto: los cuidados y la crianza de los niños.  De ahí que haya sido el colectivo femenino el precursor de estas peticiones.

En la evolución de las sociedades industriales estas divisiones entre mujeres y hombres, y espacios públicos y privados se difuminan, también lo hace la división entre lo que el Estado garantiza recurriendo al intervencionismo y lo que las empresas privadas pueden proponer en la dirección de obtener más y  mejores beneficios sociales.  Esta evolución tiene que ver también con un cambio en el paradigma de lo que las empresas persiguen en general, al margen de la postura del enriquecimiento como único fin.

En la nueva visión que están tomando las empresas los objetivos tienen más que ver con el  valor que con el precio. Y el medio para llevar a cabo lo que resulta una transformación cultural pasa por el marketing estructural en la transmisión de los valores.
Actualmente ese cambio de paradigma supone que empleados y empleadores, que antes presentábamos en un contexto de oposición mutua, comprendan la empresa o institución como un todo con el que comparten tres cosas muy importantes en la vida de las personas inmersas en este tipo de sociedad: tiempo, dinero (ganancias y beneficios) y valores.  Esta visión se acerca más a la idea horizontal de colaboración y grupo que a la imagen piramidal de los jefes y los subordinados.

Alejándonos entonces de la idea de la empresa como entidad separada del resto de la sociedad y del Estado garante de una justicia social que nunca llega, llegamos a la conclusión de que somos nosotros mismos, empleadores y empleados reciclados como emprendedores y trabajadores que se identifican con los valores de la empresa respectivamente, los que lograremos un término justo en las condiciones laborales y la vida fuera del trabajo. Ese término pasa por comprender el trabajo como parte de la vida, y por tanto como una pieza más del puzzle que encaja armoniosamente, no como un impedimento para el resto de actividades personales.

Autor: Antropoploga

Antropóloga, aprendiz, emprendedora y escritora... me va la ironía, la crítica y la reflexión. El pensamiento único y yo no nos llevamos bien; tan pronto detecto un dogma, se me vienen falacias a la cabeza, y luego falos. Un sinvivir.

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