Corromper la Juventud

Cuenta Platón en “Apología de Sócrates” que frente a los tribunales atenientes, Sócrates comenzó su discurso ignorando si los ciudadanos no habían sido ya persuadidos por quienes lo acusaban.
Hace unos meses Judith Butler también también fue acusada en Brasil de corromper la Juventud, aunque esta vez no fueron los tribunales, sino 370.000 firmantes que decían defender a sus pequeñ@s ante las teorías de esta “exterminadora de familias”.
Y tienen razón, como Sócrates, Butler quiere corromper la juventud, quebarla, romperla, hacerla pedazos, porque de esta forma saltarán por los aires los dogmas normativos alrededor de ella.
Recientemente dijo:
“Tenemos que pensar el género como un espacio de libertad, y entender que hay muchas maneras de ser hombre y mujer, o de no ser ninguna de las dos cosas.”

A mi nunca me corrompieron, me “formaron” con las formas propias de lo heteronormativo.
Diariamente y en fila recibíamos discursos en el patio antes de subir a clase. Lo llamaban los “buenos días”.
Todos los días de la semana.
Sin excepción.
No hubo manifestaciones, ni recogida de firmas, -no se nos hubiese ocurrido- eramos los más normales del mundo. Y quien no lo era, en el mejor de los casos, era visto como alguien a quien “tolerar”. Nunca los llamamos cuerpos subalternos.
Y había muchos.
Casi todos.
Bien formados, uno detrás de otro, a veces separados; las buenas, las malas, las listas, las tontas, las niñas, los niños -no había niñes, ¡qué locura!- En fila, escuchando los “Buenos días”, subiendo a clase con esas palabras en nuestras cabezas: orden, respeto, tradición, tolerancia…
El orden hacía girar la rueda, el respeto no cuestionarla, la tradición la elevaba en consideración, y la tolerancia, esa nos ayudaba a señalar aquello que no era “normal”.

Un día, Butler empezó a rascar donde no picaba, en aquello que teníamos más que asumido porque no había sido identificado. Y quiso hacerlo explotar.

“Nadie llega al mundo siendo una ‘persona’. Los humanos sólo somos reconocidos como personas cuando tenemos género”. Pero el género no tiene nada que ver con nuestra anatomía: “el género son los significados sociales de la asignación de sexo.

Por desgracia no hubo corrupción en mi juventud, solo coerción.

Autor: Antropoploga

Antropóloga, aprendiz, emprendedora y escritora... me va la ironía, la crítica y la reflexión. El pensamiento único y yo no nos llevamos bien; tan pronto detecto un dogma, se me vienen falacias a la cabeza, y luego falos. Un sinvivir.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *