De putas y camioneros. Y la diferencia entre Producto y Servicio.

Conectando (y separando) Andalucía con el resto de España hay unas montañas y un hueco entre ellas que se llama Despeñaperros. Pasar por allí supone pasar por kilómetros de asfalto que han recorrido y recorren los llamados a participar en lo que primero fuera un éxodo rural, y más tarde una fuga de cerebros. También señores como el padre de Manolito Gafotas pasan por sus carreteras para transportar las más variopintas mercancías.

Para uso y disfrute de estos pasantes, contamos con una cantidad ingente de restaurantes y hoteles “de carretera”, algunos de los cuales nos han llamado la atención por su controversia y cuando no, por su carta… Precisamente los hay famosos por la calidad de sus platos dada la alta frecuencia de la clientela camionera, digna de fidelizar.

De la ruta podemos extraer realidades fácilmente identificables como estas:
Primero que la población de camioneros está compuesta por hombres en su mayoría y esto es inamovible.
Segundo, no menos importante y, contrariamente a lo que muchos piensan no está relacionado con el hecho anterior; que abundan en las carreteras además de hoteles y ventas, decenas de clubes de alterne o prostíbulos.

 

No destaca por ello exclusivamente esta zona de la geografía española, pero sí el hecho de que sea la zona de paso y no las urbes que la rodean, Córdoba y Sevilla, la que tiene la alta concentración de locales de acceso al sexo de pago.

Se entiende sin embargo que esto sea así por varios motivos: la preferencia por el anonimato a la hora de requerir los servicios de las profesionales del sexo, el tamaño de los locales o el mejor acceso por encontrarse en zonas de paso precisamente son buenos indicadores. (1)

No es la intención del artículo destacar la zona de Despeñaperros como la de más afluencia de trabajo sexual; concretamente, en las rutas que continúan tras pasar Despeñaperros y a partir de Murcia, Valencia, Cataluña y Francia, existe una gran afluencia de estos mismos locales.

En este caso debemos pensar en la densidad del turismo de la zona, el clima y, en el caso de Barcelona además, la mayor permisividad en cuanto al trabajo sexual, una apertura ideológica y ejecutiva relacionada con la prostitución y la proximidad de la frontera con Francia.

La referencia que aquí hago a las putas y los camioneros tiene como objeto romper las imágenes hasta ahora extendidas sobre estos sujetos relacionados: que los camioneros son los usuarios más comunes de prostíbulos es una construcción social; en este caso un prejuicio.
Y la idea de que la actividad de la prostitución resulta poco frecuente o marginal también nos debería estar chirriando.

Es difícil especificar en cifras las personas que en nuestro país actualmente ejercen la prostitución, así como la trayectoria y cantidades del dinero que esta actividad procura. Se estima que un 20% de los varones españoles han recurrido a los servicios de profesionales del trato íntimo (2), en 2015 la prostitución movió aproximadamente 5 millones de euros al día (3) y en 2008 incluso se estimó que Andalucía era la región con más prostitutas de España con unas 18200 mujeres dedicadas a estos servicios (4). Las cifras no son demasiado fiables, podéis hacer una consulta rápida en internet y comprobar que se desdicen en ocasionas… Pero sí son significativas.
El ejercicio de la prostitución está presente en nuestro país y tiene repercusión social y económica.

Es en España donde se ubica el mayor prostíbulo de Europa, concretamente en Cataluña, en una zona muy próxima a la frontera con Francia.

De nuevo podríamos relacionar zona de paso / camioneros – prostitutas en un esquema mental improvisado. Pero estaríamos recurriendo a un fácil recurso. En lugar de esto, procedamos a desmentir (o de – construir, que es más difícil pero más inteligente) algunos estereotipos:

-Primero, la figura del cliente como sujeto desviado que responde a los impulsos del depredador sexual que todo hombre lleva dentro. Esto refiere varias cosas; por un lado la visión del cliente como parte de una otredad y por otro la visión de los hombres inmersos en una naturaleza que los priva de la capacidad de toma de decisiones fuera de sí misma. De este modo, condicionamos a casi la mitad de la población a formar parte de: bien los sujetos cuya naturaleza es reprimida (los que no dan rienda suelta a su sexualidad, no son clientes), bien los depredadores. La consecuencia más alarmante de esta clasificación y de la incapacidad de toma de decisiones atribuida a los sujetos, es el peligro de la tendencia ampliamente extendida de exculpar a los hombres de los comportamientos atribuidos a su naturaleza.
Desengañémonos, por el bien de todos: los varones biológicos no “llevan dentro” un animal, ni sus únicas opciones son domesticarlo o depredar. El uso y disfrute de servicios de prostitución no es indicador de la necesidad del depredador por saciar su sed de sexo porque sencillamente no existe.

-Segundo pero no menos importante, la figura de la Puta como sujeto exclusivamente periférico o marginado. El esquema que impera en el imaginario colectivo suele aproximarse a esto:

Inmigrantes     –     Trata     –     Víctima

-y por tanto-

Desigualdad en la negociación

Estamos olvidándonos entre otras cosas de algunos factores pertinentes en la desempeño real de los servicios de prostitución; los cuidados, la compañía, los ingresos que perciben las trabajadoras y como no, la elección de este y no otra labor regulada o no. Así como relegando a las personas exclusivamente al rol de víctima o de nuevo a una otredad que nos es ajena y por tanto susceptible de ser dominada por “los normales”. Testimonios de prostitutas que afirman que les compensa más realizar este trabajo que otros con alta en la seguridad social sí podemos encontrar y no exclusivamente relacionados con la situación de las inmigrantes, que también (5):

“las trabajadoras sexuales elegimos libremente este trabajo porque es el que más se ajusta a nuestras necesidades e intereses” (6)

Existe por lo general un problema de ideología al respecto del trabajo de prostitución que procura obstáculos de todo tipo para conocer y o intervenir en el campo desde cualquier perspectiva; investigaciones cuantitativas, sociológicas o con pretensiones legislativas se hacen difíciles o imposibles. Ese problema es un tabú. Aquí nos estamos desprendiendo de él para hablar de la forma más clara posible sobre las putas, no sin ser conscientes de la paradoja que supone no disponer de suficientes datos precisamente por ser una actividad no regulada.
Los (pocos) números demuestran que se trata de una actividad en la que, lejos de resultar marginal, tanto desde el punto de vista de los clientes como desde el punto de vista de las trabajadoras, muchas personas invierten suficiente tiempo y dinero como para que le prestemos atención sin las barreras del tabú.

Corregir una ideología es una tarea ardua y poco fructífera que no pretendo encabezar, sin embargo no está de más tratar de llegar a unas conclusiones más esclarecedoras que el –limitado- debate en torno a la prostitución y sus limitaciones basadas en el cuerpo como fuente de delito y el cuerpo como víctima y verdugo, exclusivamente y dejando atrás por tanto la idea de el cuerpo como fuente de producción.

Para empezar, hay una cuestión que se hace fundamental y que obviamos por lo general en los debates sobre los temas que incumben al cuerpo femenino, y en este caso por extensión a los sujetos que hacen uso de los servicios de las prostitutas: clasificados estos sujetos, y sus cuerpos dentro de una otredad, pasan al contexto no – normal y por tanto a ser susceptibles de la dominación por parte de la normalidad.

Desmontando como hemos hecho los estereotipos sobre putas y camioneros esto nos debería sonar a dictadura de lo políticamente correcto cómo mínimo…

En segundo lugar, debe habernos llamado la atención el volumen de locales de alterne que encontramos a lo largo y ancho de la geografía española. Son los locales registrados públicamente además, y no hemos referido agencias, trabajadoras por cuenta propia ni trabajadoras por cuenta ajena sin coberturas sociales (sin dejar atrás la trata de personas, cuya huella sí es más fácilmente identificable y resulta una problema de violación de los derechos humanos y no sólo legislativo).

Podemos deducir que, además de que la cantidad de prostíbulos por Km de carretera no está relacionada directamente con la profesión de los camioneros (7) existe una escasa o nula regularización del trabajo sexual, que responde a unos indicadores y nos lleva a las conclusiones a destacar de este escrito:

Mantenemos un tabú, poco práctico y falto de argumentos bien fundados en torno al trabajo sexual, más concretamente en torno a las putas y a sus clientes. Esto se traduce en un estigma para ambos, pero más para las trabajadoras. Son poco prácticos los argumentos en los que se sustenta el tabú porque, como comprobamos con facilidad si nos aproximamos a la realidad, física y virtual, la prostitución no es un sector poco difundido, más bien todo lo contrario. No hay “pocas personas dedicadas al trabajo sexual”, tampoco pocos potenciales clientes que requieran sus servicios, y no es un sector que tienda a la desaparición.

El estigma al que se ven relegadas las trabajadoras sexuales no es sólo de carácter social, sino que se traduce en términos económicos y de calidad de vida al no disponer de los medios que garantizan derechos laborales.

El Trabajo Sexual debe ser considerado y regulado como tal. Consume recursos, y genera beneficios. El mundo del sexo contratado está mal registrado -aún más:  escasamente informatizado-. Un tabú, “un secreto a voces”, y por tanto una fuente de negocios en negro, pero que en este caso implica no sólo dinero, también personas.

La pretensión abolicionista del debate sobre la prostitución hasta ahora es, en palabras de Bourdieu, una construcción social; el trabajo en sí es una actividad.
Se trata entonces de una cuestión no sólo económica, sino también de Salud pública, en tanto que siendo realistas el trabajo sexual forma parte de las prácticas físicas de miles de personas a diario en nuestro país.

El abolicionismo es un prisma ciego y vacuo que procura un discurso vacío y no pragmático. Los camioneros ofrecen un servicio de transporte de mercancías; no se nos ocurre confundir al trabajador con dicha mercancía. La prostitución es un servicio, y no convierte  a las personas que la ejercen en un producto.

Bibliografía y Fuentes:
1. Imagen, fuente: http://www.placerplacer.com 
2.Con la expresión “trato íntimo” hago referencia a una gama de posibilidades de servicios de las profesionales que no están necesariamente relacionadas con el sexo, pero sí con el buen trato. 
La referencia está en una noticia del Huffington Post de Febrero del 2016  
http://www.huffingtonpost.es/2016/02/19/prostitucion-espana_n_9272162.htm 

3.http://ultimahora.es/noticias/nacional/2015/06/08/153758/prostitucion-mueve-millones-euros-dia-espana.html
4.http://www.libertaddigital.com/sociedad/andalucia-con-18230-es-la-region-con-mas-prostitutas-de-toda-espana-1276337571/
5. No es difícil encontrar a jóvenes estudiantes que se auto-emplean en diferentes servicios no declarados y/o que son parte de “la cara B” de sus ingresos; scorts, líneas eróticas o subasta de ropa interior usada son las más comunes.
6. Declaraciones de Natalia Ferrari, en una entrevista de Loola Pérez para Código Nuevo. http://www.codigonuevo.com/prostitutas-trata-de-blancas-diferencias/
7. Referencias encontradas en relación a estereotipos sobre los camioneros que pueden resultar de su interés. http://diariodeuncamioneroleones.com/camioneros-leyendas-y-realidad/ 
 

Autor: Antropoploga

Antropóloga, aprendiz, emprendedora y escritora... me va la ironía, la crítica y la reflexión. El pensamiento único y yo no nos llevamos bien; tan pronto detecto un dogma, se me vienen falacias a la cabeza, y luego falos. Un sinvivir.

Un comentario en “De putas y camioneros. Y la diferencia entre Producto y Servicio.”

  1. ¿De verdad el trabajo sexual debe ser regulado? ¿No lo está ya? ¿Es espontánea la colocación y el horario de las chicas de la calle? ¿No están fiscalizados sus beneficios? ¿No hay controles sanitarios para evitar que trabaje una chica que contraiga venéreas?

    Lo repito una y mil veces, hay que conocer este mundo desde la realidad. No sólo desde los papeles.

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