Olvídate

 

Me importas.
Tú y tu memoria.
Me importa que la pierdas, y me importa que se reduzca tu movilidad.

Me preocupa el ritmo al que sucederán ambas cosas, y a su vez no me preocupa porque sé
que nada puedo hacer
por eso.
“Olvídate” -me digo-

No tan hondo dentro mía, me preocupa el momento en que me pase a mí lo mismo, y deja de importarme cada vez que pienso en ti, y en que
nada puedo hacer
por eso.
“Olvídate”
Me olvido.

Puedo quererte, y recordarte. Justo ahora.
Puedo desear para mí lo mismo que tienes tú:
cuidar, recordar, cantar, reír, olvidar.
Saber que cuando me cuiden, experimentaré ira
-y miedo-
por la falta de independencia que nunca hemos tolerado.
Olvídate.

Olvídate de eso.
Olvidémonos,
porque para eso estamos las que te cuidamos
(,recordamos, cantamos, reímos y olvidaremos)

Puedes olvidarlo todo;
el mundo que te crió,
olvida el hambre, la violencia,
olvídate de las normas que acataste
(a cambio de nada)
porque yo las recuerdo por ti
(para no seguirlas),
y también recuerdo
las que rompiste
para admirarte.

Puedes olvidarte de mi,
porque yo haré todo lo que pueda para ser lo que yo quiera,
como hiciste tú,
pero en un mundo un poquito mejor
que ese
que estás olvidando ya.

Adelante, olvídate
No pasa nada,
No van a obligarme a casar,
ni me casaré de otro color
que el que yo elija.
Tampoco me casaré
por tener a los hijos
que no recordarás.
Igual me caso con dos personas
a las que cuidar
como hiciste tú con nosotras.

Olvídate del sexo mediocre que se tiene
sólo para tener hijos
que olvidaremos.
Yo lo he olvidado
para recordar que cabe en mi vida
todo el sexo que quiera
y el que tú no tuviste.
Porque mi vida estará llena de las pasiones
que tú no recuerdas
porque tenías prohibidas.
Olvídate.
Estaré con mujeres poderosas como tú
(y con hombres)
Algunas de esas son las que te cuidan y recuerdan ahora,
que, como tú,
enseñan a reparar (y a olvidar)
los errores de otros.
Y a cuidar.

Date el lujo de olvidarte.
Porque has dejado el mundo
un poquito mejor de lo que lo encontraste.
Has cuidado, has cantado, has reído
y has enseñado
a otras
a enseñar
a ser lo que una quiera,
y a dejar el mundo un poquito mejor de lo estaba.

Olvídate.
No pasa nada.
Hago exactamente
lo que me apetece hacer en cada momento,
lo que me dijiste que hiciera.
Y te lo cuento.
Aunque tú no te acuerdes.

Autor: Antropoploga

Antropóloga, aprendiz, emprendedora y escritora... me va la ironía, la crítica y la reflexión. El pensamiento único y yo no nos llevamos bien; tan pronto detecto un dogma, se me vienen falacias a la cabeza, y luego falos. Un sinvivir.

3 opiniones en “Olvídate”

  1. Es muy duro ver como la mujer más fuerte de mi vida, uno de mis grandes pilares, se ve reducida a su esencia primaria cuando ya no le quedan fuerzas para luchar. Después de haber estado toda su vida trabajando y escondiendo dentro de sí toda esa mierda que vivió de pequeña, se olvida de lo que ha conseguido ser y vuelve a lo que era antes. Jamás imaginé verla así. Podía imaginar lo difícil que ha sido su vida antes de su independencia (que nunca ha sido realmente independiente, pero al menos era lo que todos pensábamos), pero me duele mucho que después de todo vuelva a sentirse tan indefensa; pensando que está rodeada de prohibiciones, de responsabilidades que ya ni le tocan, de sueños que le atormentan por la noche y no le permiten descansar, ni si quiera estar bien consigo misma durante el día. Esta es ella, y yo no lo sabía. Pero también es risas, canciones divertidas, chistes verdes, y sigue siendo mi abuela. Nuestra abuela. La que ha enseñado a tu madre, a mi padre, a nuestras tías, a ser como son. De la que hemos aprendido nosotras a ser mujeres sin inseguridades y sin miedos; sin los miedos que tuvo ella, y que, menos mal, nosotras nunca los hemos tenido que sufrir. Si algún día esto me pasa a mí, supongo que no será tan malo porque tendré a mi familia, como ella la tiene ahora.

  2. Yo viví 16 años con alguien que olvidó quien era, sonreía cuando cantabas sus canciones preferidas, pero no reconocía a sus hijos, nietos. Me escupía la comida salada y se relamia con los dulces. Un ser humano indefenso y hueco, sin memoria, es tan triste, aprendes a vivir así y tratas de dar normalidad a su vida y la tuya, y si quieres lo consigues.

  3. ¡ No me canso de leerlo y en cada lectura redescubro que me encanta! Emocionante, vibrante, triste, duro, alegre y real…no puedo evitar dejarte comentarios por todos los sitios,que quede constancia de mi admiración y de mi emoción.

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